Hoy, más que nunca, las pantallas forman parte del paisaje cotidiano de cualquier infancia. Están en los hogares, las escuelas, las salas de espera y hasta en las manos de adultos que acompañan. Pero cuando hablamos de niños y niñas con condiciones como autismo o TDAH, la pregunta ya no es si las pantallas están presentes, sino cómo están presentes, cuánto, y para qué.
El objetivo de este artículo no es demonizar la tecnología, sino entender sus efectos —positivos y negativos— en el desarrollo cognitivo y emocional de infancias neurodivergentes. Porque, como todo, el impacto depende del contexto, del uso, y sobre todo del acompañamiento adulto.
¿Qué muestran los estudios recientes sobre autismo, TDAH y pantallas?
La evidencia científica en este tema ha crecido mucho en los últimos años. Un meta-análisis global publicado por JAMA Pediatrics en 2022 reveló que los niños y niñas con diagnóstico de TDAH o autismo tienden a pasar más tiempo frente a pantallas que sus pares neurotípicos, especialmente durante la primera infancia.
Estudios japoneses también han aportado datos valiosos. Uno de ellos, del Tohoku University, encontró que una exposición prolongada a pantallas durante los primeros 2 años de vida podría asociarse a un mayor riesgo de presentar síntomas compatibles con autismo, aunque aclaran que esto no implica una relación de causa directa.
¿Es causa o consecuencia? Pantallas como síntoma y refugio
Este punto es clave para no caer en miradas simplistas: muchas veces, el uso excesivo de pantallas no es la causa de una dificultad en el desarrollo, sino una consecuencia.
En niños con TDAH, por ejemplo, la necesidad constante de estímulo puede llevarlos a elegir juegos o contenidos visuales que “enganchen” rápidamente. En niños autistas, las pantallas pueden convertirse en un espacio seguro, predecible y sin las exigencias sociales del entorno físico.
En estos casos, la pantalla no siempre es “el problema”, sino el lugar donde el niño encuentra una forma de autorregulación cuando el contexto no le ofrece alternativas accesibles.
Efectos negativos: atención, sueño, conducta
Ahora bien, cuando el uso de pantallas es excesivo y sin supervisión, sí se han documentado impactos preocupantes, especialmente en niños neurodivergentes:
- Déficit en la atención sostenida: el tipo de estímulo que ofrecen muchos videojuegos o videos de consumo rápido puede hacer que el cerebro se acostumbre a un ritmo de información poco compatible con los entornos escolares o sociales.
- Trastornos del sueño: la exposición a la luz azul de pantallas antes de dormir retrasa la producción de melatonina, dificultando la conciliación del sueño y afectando la calidad del descanso.
Irritabilidad y conducta desafiante: cuando el acceso a pantallas se corta abruptamente o se convierte en el centro de la rutina, no es raro ver reacciones intensas. Esto puede generar tensiones familiares y más desafíos conductuale
¿Puede haber un uso positivo? Videojuegos, rutinas y conexión social
No todo es negativo cuando se usan pantallas con propósito y acompañamiento:
- Juegos y apps diseñadas para neurodivergencias: existen propuestas interactivas que ayudan a trabajar la planificación, la autorregulación, la coordinación y hasta la empatía.
- Apoyo para las rutinas: algunos chicos utilizan el celular o la tablet como recordatorio visual de actividades, lo cual puede favorecer su autonomía.
Espacios de conexión social: en adolescentes autistas, por ejemplo, algunos videojuegos multijugador funcionan como plataformas de socialización que les resultan más cómodas que los espacios presenciales.
Recomendaciones para familias y profesionales
No se trata de prohibir, sino de acompañar y regular. Acá van algunas pautas:
- Establecer horarios claros y consensuados, evitando que el uso de pantallas desplace el juego libre, el contacto con otros o el descanso.
- Priorizar contenidos adecuados al perfil del niño o niña. Evitar videos hipersaturados y optar por propuestas que despierten la curiosidad sin sobreestimular.
- Modelar con el ejemplo: los adultos también deben revisar su uso de pantallas para que el mensaje sea coherente.
- Ofrecer otras formas de autorregulación, como juegos sensoriales, actividades físicas, o tiempo en la naturaleza.
- Consultar con profesionales cuando se sospeche que el uso de pantallas está interfiriendo con el desarrollo, el sueño o las relaciones.
El desafío de acompañar sin demonizar
La tecnología no es enemiga de la infancia. Pero tampoco puede ocupar el lugar que les corresponde a la mirada atenta, la presencia adulta, y el vínculo humano. En infancias neurodivergentes, este equilibrio es aún más delicado.
Acompañar implica ofrecer alternativas, entender lo que hay detrás de una necesidad constante de pantalla, y construir juntos una relación más saludable con la tecnología.
No se trata de tener miedo, sino de tener herramientas.
¿Querés seguir aprendiendo sobre este tema? Te recomendamos:
- https://www.unicef.org/panama/media/4386/file/Pantallas%20en%20Casa.pdf
- https://www.uoh.cl/pantallas-y-desarrollo-infantil-como-el-uso-excesivo-afecta-el-lenguaje-la-empatia-y-las-habilidades-sociales
- https://theconversation.com/si-hay-relacion-entre-el-uso-de-pantallas-y-el-autismo-pero-no-es-la-que-pensabamos-217382#:~:text=Contrariamente%20a%20la%20percepci%C3%B3n%20convencional,adolescentes%20en%20la%20era%20digital.


